Márgenes agrícolas trigo soja 2026 27 campo propio vs arrendamiento zona núcleo

La Bolsa de Rosario publicó que el margen del trigo/soja 2026/27 es de 475 dólares en campo propio y 13 en campo arrendado. Y sin embargo, seguimos mezclando los dos números como si dijeran lo mismo.

Hay discusiones que se repiten hasta el hartazgo en el mundo agropecuario argentino y que, sin embargo, nadie parece querer resolver con honestidad intelectual. Una de ellas es la vieja y querida costumbre de calcular márgenes agrícolas proyectados sumando en la misma bolsa al propietario que trabaja su campo y al arrendatario que le paga el alquiler a otro. El resultado, como era de esperar, es una ensalada de números que no le sirve a nadie, salvo a quienes necesitan construir un relato conveniente según el momento político.

La Bolsa de Comercio de Rosario, institución que uno esperaría un poco más rigurosa en estas cuestiones, publicó un informe sobre el cultivo de trigo y soja de segunda para la campaña 2026/27 en la zona núcleo pampeana. Los números son elocuentes, aunque no por las razones que probablemente esperaban quienes redactaron el documento. El margen neto proyectado para un planteo tecnológico estándar es de 475 dólares por hectárea si hablamos de campo propio. Hasta ahí, todo bien, la actividad parece razonablemente rentable para quien tiene la suerte de haber heredado o comprado tierra en la región más productiva del planeta.

Pero ahí viene el problema. Ese mismo margen cae a la estratosférica cifra de 13 dólares por hectárea en campo arrendado. Trece dólares. Para que quede claro: al tipo que arrienda, después de todo el esfuerzo, la incertidumbre climática, el riesgo precio, los insumos dolarizados y las retenciones que Milei prometió bajar y todavía no bajó del todo, le quedan trece dólares por hectárea. Con eso no pagás ni el café que te tomás mientras mirás el parte meteorológico.

La pregunta obvia, la que debería estar en el centro del debate sectorial, es por qué seguimos presentando estos datos juntos como si fueran comparables. Son dos realidades absolutamente distintas. El propietario tiene una renta patrimonial implícita enorme: la tierra. El arrendatario asume el riesgo operativo completo sin ese colchón. Mezclar ambos en el mismo análisis es como comparar el sueldo de un empleado de comercio con la ganancia de capital del dueño del local. Técnicamente podés hacerlo, pero el resultado no te dice nada útil sobre ninguno de los dos.

Este problema no es nuevo ni inocente. En Argentina, la discusión sobre la rentabilidad agropecuaria tiene siempre un trasfondo político que contamina el análisis técnico. Cuando el campo necesita mostrar que está mal para pelear contra las retenciones, aparecen los números del arrendatario con su margen mínimo de subsistencia. Cuando necesita mostrar que está bien para justificar inversiones o resistir regulaciones, aparecen los números del propietario con su renta cómoda. Y las entidades rurales, con la Bolsa de Rosario a la cabeza muchas veces, bailan según la música que conviene en cada momento.

La hipocresía del sector tiene una larga tradición bipartidaria. Los mismos que durante el kirchnerismo salían con los tractores a la Avenida 9 de Julio para llorar por la 125 resulta que eran en su mayoría propietarios con márgenes muy superiores a los trece dólares que hoy le quedan al arrendatario. Los mismos que hoy aplauden a Milei porque

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