2,1% y con cero no: la inflación que no se deja decir en el conteo oficial

Hay promesas en la política argentina que se cumplen como el martes 30: nunca. Y la de Javier Milei sobre que la inflación iba a empezar en agosto de 2026 «con cero, coma algo» parece haberse quedado en la lista de las que se dicen con el micrófono encendido y no con el INDEC preparado. Según el último informe del Instituto disponible al 20 de agosto, el IPC nacional mostró una variación del 2,1% respecto al mes anterior. Dos punto uno. No es cero. No es cero coma uno. Ni siquiera es cero coma algo que se pueda justificar con una regla de tres inversa.

Lo más gracioso (y lo digo con toda ironía, como corresponde a este género literario) es que el mismo presidente que prometió el «cero coma algo» tiene ahora dos opciones: o admite que se equivocó, o cambia la definición de «cero». Si elige la segunda opción, le vamos a tener que pedir permiso a los matemáticos. O a los contadores. O a cualquiera que haya usado una calculadora en su vida.

El dato que incomoda todavía más: el IPIM (Índice de Precios Implícitos del Mercado), ese indicador que el Ministerio de Economía usa cuando quiere que las cosas parezcan menos malas de lo que son, estuvo en 0,8% para julio. O sea que si uno toma el IPIM, la inflación «real» es la mitad de la inflación «oficial», pero igual no es cero. Y si uno toma el IPC de CABA y GBA, que fue de 2,9% y 2,3% respectivamente, el cuadro se pone todavía más color de hormiga: la inflación en el Área Metropolitana es la que le importa al argentino promedio porque ahí es donde vive y compra.

El contraste es evidente, para no decir obvio. Mientras Milei aseguraba que la inflación «iba a ir a cero» y que el proceso de desinflación era «inexorable», el INDEC publicaba un número que no empieza con cero, sino con dos. Y el número que sale en los titulares no es el que dice el gobierno, es el que publica el instituto. El que el público lee es el que dice «2,1%», no el que dice «cero coma algo». La diferencia entre un número y otro, en la vida real, se traduce en poder adquisitivo. Y el poder adquisitivo, a diferencia del índice de precios implícitos del mercado, se puede tocar.

El Ministerio de Economía no ha hecho un comunicado oficial refutando el dato del INDEC, lo cual es raro porque usualmente el gobierno defiende sus números con la misma pasión con la que defiende sus leyes. Pero quizás entendieron que defender el «2,1%» con argumentos filosóficos no es una buena estrategia electoral. O quizás simplemente no tienen argumentos. O ambas cosas, que es lo más probable.

¿Qué se viene? Que el debate continúe: el gobierno va a seguir diciendo que la inflación está en descenso (lo cual es cierto, comparado con el 17.000% que decía que estaba al principio) y la oposición va a seguir mostrando los números del INDEC (que también es cierto, que la inflación sigue siendo positiva). En el medio, el argentino que paga las compras con la plata que le queda del sueldo. Y ese, a diferencia del presidente o del director del INDEC, no tiene opciones: o paga, o no come.

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