El Congreso despierta: LLA busca su gol, la oposición se arma en bloque

Tras una larga siesta legislativa, el Congreso de la Nación volvió a activarse en agosto de 2026 y, como siempre cuando hay sesión, el que más suena no es el que habla, sino el que negocia. Según pudo saberse, La Libertad Avanza busca recuperar su impulso legislativo tras las elecciones de medio término de octubre pasado, mientras que la oposición —un concepto que en Argentina existe pero que tiene la definición del viento— apostó a presentarse unida, al menos en la foto, al menos en el titular, al menos hasta que alguien tenga una idea mejor.

El escenario, para quien llega recién, es el siguiente: el oficialismo tiene la mayoría que le dio la elección y la necesidad de mostrar que la puede usar. No es lo mismo tener bancas que tener quórum, y no es lo mismo tener quórum que tener votos en la sesión. La diferencia entre las tres cosas, en la práctica, se llama «el bloque se junta, el bloque se divide, y al final lo pasa por decreto o por urgencia». La tarea de LLA ahora es doble: aprobar lo que le queda de agenda y evitar que cada sesión termine con una derrota menor que, sumada a las demás, termine siendo una derrota mayor, ni que le trasciendan problemas municipales.

La oposición, de su lado, tiene el plan que tiene desde hace años en la Argentina: unirse. Lo difícil no es el diagnóstico, es la ejecución. Unirse significa que Kicillof se siente con los que no son kicillofistas, que los peronistas que no son peronistas encuentran un lugar, y que todos firman un documento que ninguno de ellos va a respetar después. Pero en el juego de la sesión, la oposición unida vale más que la oposición dividida, porque al menos le sirve para hacerle perder el quórum al oficialismo, que es el deporte más antiguo de la historia política argentina: faltar a la sesión.

Y en el medio, la bomba de abril todavía sin estallar: la ley de glaciares. El 8 de abril de 2026 el Congreso aprobó la reforma que relajó las protecciones para permitir la expansión de la minería, en medio de la movilización ambiental («la ley de glaciares no se toca» se leía en los carteles afuera del Congreso, según las fotos de AP). Los grupos ecologistas prometieron —y cumplieron— ir a la justicia, así que el tema quedó en el limbo judicial, con la posibilidad de que una sentencia del año que viene termine devolviendo el debate a la plaza. O sea que el Congreso aprobó una ley que, en el mejor de los casos, va a ser discutida en un tribunal, y en el peor, en la plaza otra vez.

Mientras tanto, el debate de fondo del segundo semestre tiene nombre y apellido: la economía. Porque mientras el oficialismo presenta sus «números récord de consumo» en el Gabinete, la oposición tiene el sondeo de Atlas Intel en la mochila (62,4% de desaprobación, 70% de evaluación negativa de la economía) y lo usa como si fuera un marcador electrónico: para recordarle al gobierno que, aunque en el Congreso gane por 10-0, afuera de la calle pierde 2-0. Y el truco, como siempre, es que el que tiene el marcador pierde la paciencia primero.

¿Qué se viene? Un segundo semestre de sesiones que van a servir, en el mejor de los casos, para definir las leyes que el gobierno necesita y, en el peor, para que cada partido demuestre que no puede gobernarse a sí mismo. En la Argentina, la pregunta no es si el Congreso va a estar activo en 2026. La pregunta es si va a estar activo con contenido, con resultado, o si va a ser, como la mayoría de los congresos del mundo, un lugar donde se discute mucho y se resuelve poco. Y en eso, al menos, todos los bloques están de acuerdo.

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