El campo del norte que grita y nadie escucha
Mientras la gilada política nacional se pelea por quién tiene más seguidores en X o quién insulta mejor en una sesión del Congreso, los productores del Noreste Argentino volvieron a reunirse para hablar de los problemas de siempre: el robo de ganado y una presión fiscal que asfixia. Originalísimo, che.
La Confederación de Asociaciones Rurales de Chaco y Formosa, conocida como CHAFOR, juntó este miércoles a su comisión directiva en la Sociedad Rural de Pirané, en plena provincia de Formosa, ese territorio donde Gildo Insfrán lleva gobernando desde que Menem era presidente y el dólar valía un peso. Allí, dirigentes de ambas provincias se pusieron de acuerdo en algo que ya es un clásico del folklore rural argentino: el escenario es complicado y el Estado no aparece cuando se lo necesita.
Abigeato: el robo que nunca se resuelve
El abigeato es, para los que no están familiarizados con el término, el robo de ganado. Un delito tan viejo como la ganadería misma en estas tierras, pero que en el NEA tiene características propias: extensiones enormes, poca presencia policial, fronteras permeables y una cadena de comercialización informal que hace que una vaca robada en Chaco aparezca faenada en cualquier lado antes de que el productor se dé cuenta de que le falta.
Los dirigentes de CHAFOR denunciaron que el problema lejos de resolverse se agrava. Y acá viene el punto irónico del asunto: vivimos en una era de tecnología, drones, trazabilidad electrónica y chips en todo, pero un productor del interior profundo del NEA sigue sin poder saber quién le robó las vacas ni confiar en que la policía provincial va a hacer algo al respecto. El Estado provincial cobra los impuestos con una eficiencia envidiable, pero para perseguir al abigeato la capacidad operativa resulta, llamativamente, bastante más modesta.
Fácil no es. Son territorios inmensos, con caminos de tierra, sin señal de celular en muchos casos. Pero tampoco se nota un esfuerzo sostenido y serio para modernizar los sistemas de control, cruzar datos de faena, o simplemente poner más recursos en las comisarías rurales. Eso cuesta plata y voluntad política, dos cosas que en Chaco y Formosa tienen distribuciones bastante desiguales según para qué se las necesite.
La presión fiscal: el otro robo, pero con factura
El segundo tema de la reunión fue la presión fiscal, y acá la cosa se pone más interesante porque toca a todos los niveles del Estado argentino: nación, provincia y municipio, todos aportando su granito de arena para hacer más difícil la actividad productiva.
Los productores del NEA ya vienen golpeados de por sí por condiciones estructurales que los colocan en desventaja: fletes más caros por la distancia a los puertos, infraestructura vial deplorable, menor productividad natural en algunos casos comparada con la pampa húmeda. Encima, cargan con una estructura impositiva que no distingue entre el productor de Entre Ríos y el de Formosa, como si producir en uno u otro lugar tuviera los mismos costos y las mismas oportunidades.
El gobierno de Milei, que prometió una revolución liberal y una poda salvaje del Estado, todavía no mostró ningún plan concreto para aliviar la carga fiscal sobre los productores del interior profundo. El ajuste fiscal tan celebrado por los mercados se tradujo en menos obra pública, menos subsidios al transporte y más complicaciones logísticas, pero los impuestos sobre la producción siguen siendo los mismos o peores. La motosierra, al parecer, tiene zonas donde no entra.
La aftosa: la excepción a la regla
En medio de tanto ruido, hubo un momento en que los dirigentes de CHAFOR rompieron con la queja para defender algo que funciona: el sistema de vacunación contra la fiebre aftosa. Y está bien que lo hagan, porque es uno de los pocos casos en que Argentina puede mostrar un programa sanitario que se mantuvo en el tiempo con cierta consistencia, más allá de los cambios de gobierno.
La defensa del sistema no es menor en un contexto en que el desfinanciamiento del Estado afecta programas de todo tipo. El SENASA viene con recortes, y los productores del norte saben mejor que nadie lo que significaría perder el estatus sanitario frente a la aftosa: el cierre de mercados de exportación, pérdidas millonarias y años de trabajo para recuperar lo que se tardó décadas en construir. En esto, al menos, hay consenso.
La foto de siempre
La reunión de CHAFOR en Pirané es, en definitiva, la foto de siempre: productores organizados que se reúnen, elaboran documentos, elevan pedidos y esperan respuestas que llegan a cuentagotas o directamente no llegan. El campo del NEA tiene la particularidad de estar doblemente abandonado: por un Estado nacional que diseña políticas pensando en la pampa húmeda y por Estados provinciales que priorizan la caja política sobre el desarrollo genuino.
Chaco y Formosa son provincias que históricamente dependieron de la transferencia de recursos nacionales para financiar sus estructuras estatales hipertrofiadas. En ese modelo, el productor agropecuario es más un contribuyente cautivo que un actor al que hay que cuidar y potenciar. Que los dirigentes rurales sigan juntándose y reclamando, a pesar de todo, dice algo sobre la resiliencia del sector. Que los problemas sean exactamente los mismos que hace diez o veinte años dice algo, también, sobre la capacidad de respuesta del sistema político argentino en su conjunto.
