Trump investiga a los gigantes de la carne por cartelización

Trump investiga a los cuatro frigoríficos más grandes de EEUU por cartelización. El gobierno más libertario del mundo descubrió que necesita al Estado.

El Estado presente llegó al norte

Qué paradoja deliciosa. Donald Trump, ese ferviente defensor del libre mercado, la desregulación y el capitalismo sin ataduras, acaba de ordenar investigar a los cuatro gigantes de la industria frigorífica norteamericana por posible cartelización y manipulación de precios. La secretaria de Agricultura, Brooke Rollins, lo anunció con bombos y platillos en redes sociales, prometiendo una investigación inmediata.

Dicho de otro modo: el gobierno más pro-mercado del hemisferio occidental acaba de descubrir que los mercados, librados a su suerte, a veces se portan como patoteros de barrio que se ponen de acuerdo para chorearte la billetera.

Bienvenidos al Estado presente, señores. Aunque sea el de Trump.

Los cuatro jinetes del asado caro

Los frigoríficos bajo la lupa son los mismos de siempre: JBS, Tyson Foods, Cargill y National Beef Packing. Cuatro empresas que controlan más del 80 por ciento del procesamiento de carne vacuna en los Estados Unidos. Una concentración de mercado que haría sonrojar hasta al más entusiasta de los economistas ortodoxos, si es que esa especie es capaz de sonrojarse.

La acusación central es que estas compañías habrían actuado de manera coordinada para mantener artificialmente altos los precios al consumidor, mientras simultáneamente pagaban menos a los productores ganaderos. El negocio perfecto: comprás barato, vendés caro, y te quedás con la diferencia que en teoría debería circular en el mercado. Un clásico.

Los ganaderos norteamericanos llevan años quejándose de esta situación. Productores que ven cómo el precio del ganado en pie no sube aunque el precio del asado en la góndola se vaya a las nubes. Suena familiar, no?

El déjà vu argento

Acá en la Argentina, por supuesto, este tema nos resulta absolutamente ajeno y no tenemos ningún tipo de experiencia con frigoríficos que se porten mal, precios que no cierran, o concentración escandalosa en la cadena de valor de la carne.

Mentira.

Durante décadas, distintos gobiernos de distintos colores políticos se rompieron la cabeza intentando entender por qué el precio de la carne en la carnicería de la esquina no tiene ninguna relación con el precio del novillo en el Mercado de Liniers. La respuesta siempre fue la misma y nunca fue satisfactoria: los eslabones intermedios de la cadena capturan valor de manera desproporcionada, y nadie hace demasiado al respecto.

CFK puso retenciones y controles de precios. Macri prometió que el mercado se iba a autorregular solo. Milei directamente dice que cualquier intervención es una herejía liberal. El resultado práctico para el consumidor argentino promedio que quiere comerse un bife de chorizo es, en los tres casos, más o menos igual de desalentador.

La incomodidad libertaria

Lo más sabroso del asunto es la posición en la que esto deja a nuestros flamantes libertarios vernáculos. Milei y su tropa han construido todo su relato sobre la idea de que el Estado no debe meterse en los mercados, que la competencia perfecta se regula sola y que cualquier intervención regulatoria es el primer paso hacia el socialismo.

Pero resulta que su máximo ídolo intelectual y político, el mismísimo Trump, acaba de ordenar una investigación antimonopólica sobre las empresas más grandes de uno de los mercados más importantes de su país.

Alguien le va a tener que explicar la contradicción al Presidente Loco, aunque sospechamos que va a encontrar la manera de encuadrarlo dentro de su cosmovisión. Los libertarios argentinos tienen una habilidad casi sobrenatural para hacer contorsiones ideológicas cuando el ejemplo viene de alguien a quien admiran.

Concentración es concentración

Más allá de las chicanas políticas, hay una discusión seria en el fondo de todo esto. La concentración extrema en industrias estratégicas como la alimentaria no es un fenómeno neutro ni inocente. Cuando cuatro empresas controlan el 80 por ciento de la oferta de un producto esencial, el mercado deja de funcionar como mercado y empieza a funcionar como oligopolio.

Eso no lo dice Marx. Lo dice Adam Smith, el padre del liberalismo económico, que dedicó varios capítulos de La Riqueza de las Naciones a advertir sobre los peligros de la concentración empresarial y los acuerdos entre productores para fijar precios.

La investigación de Trump, si se lleva adelante con seriedad, podría tener implicancias importantes para el comercio internacional de carnes, incluyendo las exportaciones argentinas. JBS, uno de los investigados, es de capitales brasileños y opera en la Argentina. Los hilos se cruzan más de lo que parece.

Conclusión provisoria

Mientras esperamos ver si la investigación yanqui produce resultados concretos o queda en un anuncio de campaña más, vale la pena quedarse con la imagen: el gobierno más libertario del mundo descubrió que necesita al Estado para controlar al mercado.

Eso sí que es un spoiler que nadie esperaba.

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