La Corte Suprema le regaló al Gobierno lo que no pudo conseguir en el Congreso ni en la calle: en la práctica, liberó la venta de tierras a extranjeros. Y cuando en la Casa Rosada todavía estaban destapando el champagne, apareció Patricia Bullrich para recordarles que la botella puede explotarles en la cara. Según la jefa del bloque libertario en el Senado, el apuro oficialista por legislar lo que ya estaba en un decreto podría terminar costando el DNU 70/2023 entero.
La secuencia merece ser contada despacio, porque tiene algo de comedia de enredos. El megadecreto de Javier Milei derogaba la ley de tierras rurales, la 26.737, vigente desde 2011. Ese artículo estaba judicializado. Pero en lugar de esperar, el Gobierno metió el mismo tema en el proyecto de inviolabilidad de la propiedad privada, la criatura de Federico Sturzenegger.
El decreto contra la ley, o el Gobierno contra sí mismo
El capítulo de tierras provocó postergaciones, presión política, movilización callejera y, finalmente, su eliminación del proyecto el mes pasado. El resto de la iniciativa obtuvo media sanción en el Senado en agosto y sigue esperando turno en Diputados. Hasta ahí, una derrota parcial más en la larga lista de negociaciones con aliados que cobran caro cada voto.
Entonces llegó el martes y la Corte, de manera sorpresiva, restituyó la vigencia del artículo del DNU que derogaba la ley de tierras. Es decir: lo que el oficialismo había tenido que resignar en el Congreso volvió por la puerta del Palacio de Tribunales. Un final feliz, si no fuera por un detalle.
Ese detalle lo explicó Bullrich en diálogo con La Nación, con una franqueza que en el Gobierno seguramente no aplaudieron. Lo calificó como ‘un aprendizaje’ y admitió que llevar adelante la ley con el capítulo de tierras mientras el decreto seguía en la Justicia ‘fue apresurado’. Y fue más allá: ‘Tendríamos que haber esperado que la Justicia hable como habló ahora del decreto 70 en el capítulo de tierras y recién después enviar esa ley, porque sino vamos contra nuestros propios actos’.
Traducido: el Gobierno mandó al Congreso una ley para conseguir algo que, según su propio relato, ya había conseguido por decreto. Si el DNU valía, la ley sobraba; si la ley hacía falta, era porque el DNU no alcanzaba. Elegí tu propia contradicción.
Bullrich: ¿La jefa de bloque que le hace el trabajo a la oposición?
Lo más jugoso vino después. Consultada sobre si la oposición podría aprovechar el fallo para voltear el megadecreto completo, Bullrich no esquivó: dijo que el fallo llegó después de que la ley no se pudo votar, ‘así que es una posibilidad’. Una jefa de bloque oficialista reconociendo en voz alta que el instrumento central del programa de Milei está en riesgo. Si eso no es un desmarque, se le parece bastante.
Hay que sumar otro dato que no es menor: durante las semanas más intensas del debate, quien negociaba los cambios con los aliados era ella, mientras Sturzenegger objetaba la redacción y las modificaciones al texto original. Ahora la senadora califica de apresurada una estrategia que le tocó administrar. Bullrich no sólo se baja del barco: deja asentado en la bitácora quién eligió la ruta.
Mientras tanto, la oposición en Diputados busca forzar una sesión especial contra el DNU 70/2023, con fechas tentativas el miércoles 7 o el 14 de octubre. Necesita 129 diputados para el quórum y, una vez sentados, mayoría simple de los presentes. El Senado ya lo rechazó en marzo de 2024, así que la Cámara baja tiene la última palabra.
Conviene no comprar tampoco el relato opositor con moño. El decreto lleva casi tres años vigente sin que nadie lograra juntar los votos para tumbarlo, y el súbito fervor republicano de algunos bloques tiene bastante más de oportunidad política que de convicción institucional. El kirchnerismo, que gobernó con decretos cuando le convenía, descubre los límites del DNU con un timing envidiable.
¿Candidata, cocinera o ninguna de las anteriores?
El desmarque por las tierras no viene solo. Es el último de una serie que se fue ampliando en las últimas semanas, sumado a declaraciones sobre la importancia de que ‘el proyecto reelija’, sin mencionar a Milei. Ese pequeño olvido alimentó rumores de ruptura que la propia senadora prefiere responder con humor.
En un acto por los 30 años de la Constitución porteña en la Facultad de Derecho de la UBA, de cuya redacción participó como convencional, Bullrich no descartó competir por la Jefatura de Gobierno en 2027. Dijo tener ‘toda la posibilidad y toda la capacidad’, y cerró con un ‘Podría ser’. En su entorno aclaran que, por ahora, prefiere el plano nacional: ‘Donde la ponga la historia’. Ella, más modesta, dijo que el único lugar donde la tienen que poner es MasterChef.
Lo concreto es que Bullrich es la única libertaria que insiste en que LLA y Pro deben sellar una alianza en la Ciudad, mientras ambos espacios reconocen que el diálogo está ‘frío’. Sobre la gestión de Jorge Macri, habló de ‘luces y sombras’: le reconoció el giro hacia el orden y el combate a las usurpaciones, que el jefe de Gobierno adoptó después de que Pro saliera tercero en 2025, detrás de LLA y el PJ.
Pero también le marcó la cancha con el proceso para renovar las concesiones de recolección de residuos para 2028-2038. ‘Adelantar tanto una negociación me parece que tiene su lado oscuro’, disparó. Una frase que, viniendo de una potencial rival y aliada a la vez, funciona como abrazo y advertencia en el mismo movimiento.
La autonomía que le conviene a cada uno
En el plano institucional, Bullrich propuso que la mitad de los 60 legisladores porteños se elijan por barrio y reclamó completar la autonomía de la Ciudad en el servicio penitenciario, la Justicia, el puerto y la Inspección General de Justicia. También cuestionó que la Ciudad quiera manejar la Policía pero no a los presos: ‘Tiene que ser un tango que se baile de a dos’.
El detalle irónico es que el traspaso de la Policía Federal a la Ciudad se hizo durante su gestión en el Ministerio de Seguridad, bajo la presidencia de Mauricio Macri. El tango que hoy reclama bailar de a dos lo arrancó ella, aunque con un solo bailarín. Una constante en la carrera de Bullrich: criticar con autoridad las obras que ayudó a construir, sea un traspaso policial o una ley de propiedad privada.




