El campo también vota y tiene sus preferencias
Mientras la política argentina se debate entre si Milei es el mesías o el anticristo, entre si Macri vuelve o se queda mirando desde la tribuna, y entre si Cristina Kirchner va presa o vuelve al poder, en la Universidad de Buenos Aires también hubo elecciones. Y como era de esperarse, nadie le prestó demasiada atención. Error.
En las facultades de Agronomía y Veterinaria, dos instituciones que forman a los profesionales más directamente vinculados al sector agropecuario argentino, se llevaron a cabo comicios estudiantiles que dejaron un resultado que merece análisis. Las agrupaciones más moderadas y con perfil autónomo se impusieron sobre la izquierda tradicional y sobre La Cámpora. Una derrota silenciosa para los actores más ruidosos de la política universitaria.
La Cámpora y la izquierda: dos fracasos con distinto marketing
Hay algo particularmente gracioso en ver a los militantes de La Cámpora intentando convencer a estudiantes de Agronomía de que el kirchnerismo tiene algo que ofrecerle al campo. Es casi tan divertido como ver a un libertario explicando el concepto de empatía. El vínculo entre el kirchnerismo y el agro fue, en el mejor de los casos, tormentoso. En el peor, directamente hostil. La resolución 125, el manejo discrecional de las exportaciones, los cupos y las retenciones son parte de una historia que los estudiantes de esas facultades conocen de memoria, porque la estudian, la debaten y la van a vivir en carne propia cuando ejerzan.
La izquierda, por su parte, también se pegó su cachetazo. Las agrupaciones trotskistas y afines llevan décadas intentando construir una narrativa donde el productor agropecuario es inherentemente el enemigo de la clase trabajadora. En una facultad donde buena parte de los estudiantes vienen de familias que viven del campo o aspiran a trabajar en ese sector, esa lectura tiene el mismo éxito que una helada en plena cosecha.
Los moderados ganan sin hacer tanto ruido
Lo interesante de este resultado es que las agrupaciones que triunfaron no son las que salen en los noticieros, no tienen dirigentes que sean figuras nacionales, no generan tendencia en X ni tienen cuentas de Instagram con miles de seguidores. Son agrupaciones que, en general, priorizan las problemáticas concretas de la vida universitaria: el presupuesto de las facultades, la calidad de la enseñanza, el acceso a los materiales de estudio, la infraestructura.
Eso, en el contexto actual, es casi un acto revolucionario. Porque en la Argentina de hoy, donde todo se politiza hasta el hartazgo y donde cada debate termina siendo una trinchera entre libertarios y kirchneristas, que un grupo de estudiantes elija a representantes que no están pegados al mástil de ningún partido nacional es, cuanto menos, refrescante.
Un mensaje que los partidos no quieren escuchar
Este resultado debería ser una señal para todos los actores políticos, aunque ninguno va a querer interpretarla correctamente. Para La Cámpora, debería ser una evidencia más de que su marca está desgastada entre los jóvenes que no comulgan con el relato. Para la izquierda, una invitación a repensar si su diagnóstico sobre el agro tiene algún punto de contacto con la realidad. Para el mileísmo, un recordatorio de que la moderación también tiene mercado, incluso entre los que supuestamente votarían libertad.
Pero claro, nadie va a sacar esa conclusión. La Cámpora va a decir que perdió porque la derecha copó los medios. La izquierda va a decir que la falsa conciencia de clase explica todo. Y los libertarios van a intentar apropiarse del resultado sin haber tenido nada que ver.
El agro y la universidad: una relación que el poder ignora
Hay otro elemento para no perder de vista. Las facultades de Agronomía y Veterinaria de la UBA forman profesionales que van a trabajar en uno de los sectores más estratégicos de la economía argentina. El campo genera divisas, empleo, y es uno de los pocos sectores que sigue funcionando más o menos razonablemente mientras el resto del país se debate entre ajuste y default.
Que los estudiantes de esas facultades elijan representantes moderados y autónomos dice algo sobre cómo perciben su futuro profesional. No quieren banderas de partidos que los van a usar de foto, quieren representantes que peleen por presupuesto universitario, por laboratorios que funcionen, por docentes bien pagos y por una formación de calidad.
En eso, por cierto, tienen mucho en común con el resto de los estudiantes universitarios argentinos que en los últimos años salieron masivamente a defender la educación pública frente a los recortes del gobierno de Milei. Porque una cosa es rechazar la militancia partidaria dentro del claustro y otra muy distinta es ser indiferente a lo que le pasa a la universidad como institución.
Conclusión: cuando el sentido común gana aunque sea por un rato
En un país donde parece que las únicas opciones son el fanatismo mileísta, el kirchnerismo nostálgico o el trotskismo de manual, ver que estudiantes universitarios eligen algo diferente es, al menos, una bocanada de aire fresco. No es una revolución, no es un cambio de paradigma, no va a salir en los titulares de nadie. Pero es una señal de que, de vez en cuando, el sentido común aparece donde menos se lo espera.
Y eso, en la Argentina de 2025, ya es bastante.
