Javier Milei tiene una relación con los gobernadores parecida a la de un casero con inquilinos morosos: los recibe con una sonrisa para la foto y después les corta la luz. Los números, esta vez, no dejan mucho margen para el relato oficial. En el primer semestre de 2026, las 23 provincias y la Ciudad de Buenos Aires perdieron en conjunto $2.091.794 millones en transferencias nacionales, en términos reales y ajustados por inflación, sumando transferencias automáticas y no automáticas. La motosierra, ese apodo cariñoso que el propio Gobierno adoptó, sigue funcionando.
Los números de la sangría
En el primer semestre, las transferencias automáticas —básicamente la coparticipación— cayeron 2,8% respecto de igual período de 2025, y los giros no automáticos registraron una baja real interanual del 61,8%. Para ponerlo en perspectiva histórica: ese primer semestre quedó por debajo del de 2023 (-11,6%), 2022 (-13,1%) y 2021 (-6,5%), y apenas por encima, levemente, del de 2024. Junio fue directamente un mazazo: Nación envió a las provincias $48.300 millones en concepto de transferencias no automáticas, una caída interanual real del 87,7% y el peor dato para un mes de junio desde al menos 2005.
Desde el inicio de la gestión, el Gobierno redujo la ejecución de transferencias nacionales a las provincias en un 65,65% en términos reales, con una caída del 19% en los recursos disponibles de los distritos. El ajuste no es un rumor de pasillo: es la política fiscal explícita de esta gestión, y las provincias son la variable que absorbe el golpe.
El as bajo la manga: la lapicera de los anticipos
Acá aparece la parte más interesante del asunto, la que explica por qué algunos gobernadores todavía sonríen en las fotos. El Gobierno amplió hasta $400.000 millones el anticipo financiero para Entre Ríos, y dispuso condiciones similares para Jujuy y Santa Fe, a una tasa del 15% anual, muy por debajo de la del mercado. Fuentes consultadas lo definieron sin vueltas: es un clásico mecanismo de ayuda de Nación a gobernadores aliados y castigo a los enemigos, y Milei no le entregó ningún anticipo a la Provincia de Buenos Aires.
Ese esquema de premios y castigos ya tenía un antecedente unos meses antes. En abril, Milei había entregado un «anticipo financiero» con la misma lógica a Catamarca, Chaco, Chubut, Corrientes, La Rioja, Mendoza, Misiones, Río Negro, Salta, Santa Cruz, Tierra del Fuego y Tucumán, con el monto atado a la capacidad de repago de cada distrito. Es plata prestada, no plata regalada, pero en un país con el grifo cerrado, hasta un préstamo a tasa razonable es un favor político de peso.
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Kicillof y el costo de no ser aliado
Axel Kicillof es el caso testigo de lo que le pasa a quien no entra en la lista de anticipos. La caída en las transferencias de Nación a la Provincia de Buenos Aires tuvo su correlato en una merma de los recursos que el gobernador le gira a los 135 municipios bonaerenses a través de la coparticipación secundaria. Kicillof le echa la culpa a la macro nacional: justificó la caída en la recesión, que golpea tanto a los recursos de la coparticipación federal como a los tributos de origen provincial, con una baja de más del 6% en los recursos tributarios bonaerenses respecto de 2023.
Quién paga la cuenta, en definitiva
El ajuste no se queda en una planilla de Excel del Ministerio de Economía: llega a los sueldos. Como el 70% del presupuesto provincial se concentra en salud, educación, seguridad social y seguridad, el recorte recayó sobre los trabajadores de esos sectores, generando conflictos gremiales en casi todas las provincias. Un relevamiento del Centro CEPA encontró conflictos activos en el 80,4% de las jurisdicciones, con paros y reclamos de docentes, trabajadores de salud, policías y empleados públicos.
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Mientras tanto, Diego Santilli recorre el país buscando apoyo de esos mismos gobernadores para la reforma electoral, en simultáneo con recortes que hacen cada vez más difícil que alguien le firme algo sin pedir algo a cambio. El federalismo argentino, en la era Milei, se parece cada vez menos a un pacto entre iguales y cada vez más a una casa de empeño: te prestan, a tasa, si sos de confianza.




