Represas en Santa Cruz: van 4 anuncios y ninguna obra

Cada tanto, el gobierno de Santa Cruz saca el comunicado de rigor, la gacetilla vuela por WhatsApp, algún medio nacional la reproduce sin preguntar nada y ya está: «se reactivan las represas». El problema es que la obra sigue exactamente donde estaba.

Esta semana el gobernador Claudio Vidal confirmó que la UTE a cargo del proyecto Cóndor Cliff-La Barrancosa recibió un primer desembolso de 45.000 millones de pesos, unos 29,3 millones de dólares al tipo de cambio de estos días. Según la versión oficial, ese dinero permite pasar de la «negociación» a la «ejecución» de una obra estratégica sobre el río Santa Cruz. Suena bien. El problema es que ya lo escuchamos, casi con las mismas palabras, varias veces.

Una obra, cuatro resurrecciones

Según reconstruyó la agencia santacruceña OPI, que viene siguiendo el expediente de las represas desde el inicio de la gestión Vidal, este es al menos el cuarto anuncio de reactivación desde diciembre de 2023. El primero fue en mayo de 2024, con «euforia» oficial y sin ningún financiamiento real detrás. Después vino otro entre junio y agosto de 2025, con la UOCRA agradeciendo convocatorias de personal que después no existieron.

El tercero fue el más ambicioso: el 20 de marzo de 2026 Vidal anunció formalmente la vuelta de la obra «después de casi tres años de paralización», con 50 trabajadores ya incorporados, otros 50 previstos para el 1° de abril y la promesa de un acto oficial en mayo con autoridades chinas, la empresa Gezhouba, Nación y los gremios. La proyección hablaba de 1.800 puestos de trabajo. Nada de eso terminó de concretarse en la escala anunciada.

Y ahora, el cuarto capítulo: los 45.000 millones de pesos que, según OPI Santa Cruz, no representan una reactivación de nada, sino apenas un pago parcial de deudas acumuladas y costos de mantenimiento de una obra que lleva años sin avanzar.

Lo que el comunicado no dice

El anuncio oficial reprodujo declaraciones de Vidal donde aseguraba que «hoy ingresó a Gezhouba el primer pago previsto por 45.000 millones de pesos». Lo que no aclaró el comunicado, señala OPI Santa Cruz, es el primer pago de cuánto. Porque si el total de lo que necesita la obra para reactivarse de verdad se mide en miles de millones de dólares, treinta millones no alcanzan ni para cubrir las deudas pendientes con proveedores.

Según la reconstrucción de esa agencia, dentro de la UTE hay deudas millonarias con proveedores que llevan más de dos años sin cobrar, incluido el personal de Electroingeniería, la empresa argentina socia del consorcio chino que está en pleno proceso de salida de la obra. El desacuerdo por las indemnizaciones —Electroingeniería quería pagarles solo la parte proporcional al tiempo trabajado en la UTE, no toda la antigüedad previa— era justamente uno de los nudos que trababa esa salida.

Los 45.000 millones, entonces, aparecerían destinados a destrabar ese conflicto laboral y a sostener el mantenimiento de una infraestructura que, parada o no, igual exige plata para no deteriorarse. Nada de eso es «reactivación» en el sentido que promete el comunicado del gobierno provincial.

El desembarco chino y el retiro criollo

El trasfondo de todo esto, de acuerdo al seguimiento de OPI Santa Cruz, es que el consorcio chino Gezhouba viene concentrando cada vez más el control directo de la obra, mientras Electroingeniería reduce su personal a apenas un puñado de técnicos. En los últimos meses aumentó la llegada de trabajadores chinos, sobre todo a La Barrancosa, porque Cóndor Cliff se considera prácticamente inviable en las condiciones actuales.

En el medio, la salida de Electroingeniería también vino con un escándalo menor: el despido de Mariano Musso, un gerente de Recursos Humanos de la empresa señalado por denuncias de corrupción. Un detalle que no aparece en ningún comunicado oficial, como era de esperar.

Todos ponen el hombro, nadie pone la plata

Vale la aclaración que corresponde: esta obra no es un invento de Vidal ni una herencia que él generó. Cóndor Cliff-La Barrancosa está prácticamente parada desde el final del gobierno de Mauricio Macri y arrastra su travesía por el kirchnerismo, el macrismo, el Frente de Todos y ahora la Libertad Avanza, sin que ninguna gestión haya logrado destrabarla de verdad. Cada color político tuvo su cuota de responsabilidad en el freno, y cada uno también tuvo su momento de sacarse una foto prometiendo el reinicio.

Lo distinto en este caso es la insistencia: cuatro anuncios de «reactivación» en menos de tres años, todos con el mismo libreto y ninguno con plata suficiente detrás. Y la comodidad con la que medios nacionales como La Nación y C5N reprodujeron esta última versión como si fuera un hecho consumado, sin contrastar la cifra con lo que realmente cuesta terminar una represa binacional de esta magnitud.

La pregunta que nadie contesta

Al final del día, la duda que deja este culebrón no es si las represas se van a terminar algún día —probablemente sí, en algún horizonte que nadie puede precisar todavía—. La duda es por qué cada gobierno, sea cual sea su signo, necesita vender como «reactivación» lo que en los papeles es apenas un pago de deuda o un gesto de mantenimiento.

Mientras tanto, en Santa Cruz hay gente esperando de verdad una fuente laboral que se anuncia y se posterga, cíclicamente, cada vez que el calendario político lo pide. Y esa espera, a diferencia de los desembolsos, no tiene fecha de reactivación.