En Lanús hay dirigentes que cambian de idea y dirigentes que cambian de partido. Nacho Moroni pertenece a una categoría más eficiente: cambia de partido sin tomarse el trabajo de cambiar de idea, básicamente porque nunca quedó claro cuál era. En cinco años pasó por la tercera vía, por Juntos por el Cambio, por el apoyo explícito a Sergio Massa y, finalmente, por La Libertad Avanza, la fuerza que llegó para terminar con la casta.
La casta, como era previsible, se afilió.
El recorrido conviene leerlo menos como biografía y más como manual de instrucciones. Moroni no es una falla del sistema que el libertarismo prometió dinamitar. Es su versión más prolija, ahora con remera violeta.
Todo empezó en casa (y en el Frente Renovador)
La historia arranca antes de que Nacho tuviera sello propio. En 2013, su madre, Mariana Ayesa, fue elegida consejera escolar de Lanús por el Frente Renovador de Sergio Massa y llegó a presidir el Consejo Escolar del distrito. Es decir: el origen político de la familia está en el mismo espacio que años después el libertarismo convertiría en sinónimo de todo lo que hay que barrer.
Nadie está obligado a morir con la camiseta con la que nació. Pero cuando la mudanza se repite varias veces y nunca viene acompañada de una explicación pública, el cambio deja de ser evolución y pasa a ser método.
La tercera vía, ese lugar de paso para Nacho Moroni
El primer salto propio fue en 2021, cuando Moroni encabezó en Lanús la lista de Vamos con Vos, la alianza de Florencio Randazzo, Graciela Camaño, Juan Manuel Urtubey y Libres del Sur. Por entonces decía llevar años trabajando junto a Camaño, otra dirigente con pasado en el Frente Renovador. Todo queda en familia, aunque sea en la familia ampliada.
La propuesta se vendía como alternativa a la grieta y como renovación generacional. El detalle es que la renovación descansaba sobre dirigentes con décadas en la política tradicional. Moroni ganó visibilidad como cara joven, pero de aquella candidatura no sobrevivió ninguna línea política reconocible. Sobrevivió él, que es otra cosa.
Larreta, la interna y el portazo
Dos años después, el hombre que se presentaba como alternativa a las grandes coaliciones se metió en una de ellas. En 2023 fue precandidato a intendente de Lanús por Juntos por el Cambio, en el sector de Horacio Rodríguez Larreta y Diego Santilli, que lo acompañaron en campaña.
Del pasaje de la avenida del medio a la boleta amarilla no quedó registro de autocrítica alguna. La interna se resolvió en su contra y, con esa derrota, terminó su etapa como candidato de la oposición de entonces. Lo que vino después fue todavía más creativo.
El balotaje: pedir el voto por el adversario
Pocos meses después de haber pedido votos con la boleta de Juntos por el Cambio, Moroni firmó un documento que convocaba expresamente a votar por Sergio Massa en el balotaje presidencial. No fue un ‘libertad de acción’, ni un silencio estratégico, ni un voto en blanco con cara de póker. Fue un pedido de voto para el candidato del oficialismo al que su propia coalición había enfrentado.
Para quienes lo habían acompañado en la interna como opción opositora, el mensaje fue cristalino: la pertenencia de Moroni no era una convicción sino un estado de ánimo, sujeto a las condiciones del mercado. Lo cual, pensándolo bien, tiene algo de liberal.
De Massa a la ANSES libertaria en nueve meses
Y acá llega la pirueta con triple mortal. En agosto de 2024, nueve meses después de haber pedido el voto por Massa, Nacho Moroni asumió como titular de ANSES Lanús, ya dentro de la estructura del gobierno de Javier Milei. Poco después encabezó, junto a su madre, el lanzamiento de la mesa local de La Libertad Avanza.
El resultado es un currículum digno de estudio: origen massista, paso por Randazzo y Camaño, candidatura con Larreta, apoyo a Massa en la segunda vuelta y desembarco final en la fuerza que denuncia los saltos partidarios y la política como profesión. Si alguien buscaba una definición práctica de aquello que el libertarismo dice combatir, la encontró, y encima le dio un cargo.
Un bloque con aire de sobremesa
Mariana Ayesa recorrió un camino paralelo: electa en su momento por el Frente Renovador, se sumó al espacio libertario y obtuvo una banca en el Concejo Deliberante de Lanús. Moroni, electo concejal en 2025, se incorporó después al mismo bloque. Madre e hijo comparten así representación legislativa y conducción partidaria en una fuerza que promete terminar con los privilegios de la dirigencia.
No se trata de cuestionar un vínculo familiar, que no es delito ni pecado. Se trata de mirar el mecanismo: las mismas personas cambian de sello, conservan lugares institucionales y ajustan el discurso al liderazgo de turno. La renovación prometida se parece bastante a un cambio de camiseta en el vestuario.
La pregunta de los dos sueldos
El punto más delicado no es ideológico sino administrativo. En 2026, el dirigente libertario Maximiliano Nieva acusó públicamente a Nacho Moroni de percibir ingresos por dos funciones a la vez: como concejal y como titular de la oficina local de ANSES. Se trata de una acusación, no de un hecho probado, y así hay que tratarla.
Pero el marco no es menor. El régimen nacional de incompatibilidades establece como regla general que un cargo remunerado en el Poder Ejecutivo Nacional no puede acumularse con otro cargo público retribuido, sea nacional, provincial o municipal, salvo las excepciones que prevé la ley. Frente a una denuncia así, lo que corresponde es simple: decir si cobra ambos haberes, acreditar una renuncia a alguno o precisar qué excepción legal invoca.
Hasta donde se sabe, esa explicación no llegó. Y el silencio pesa el doble en alguien que habla en nombre de un espacio que hizo de la reducción del gasto político su marca registrada. Para colmo, el señalamiento no viene de un kirchnerista resentido ni de un radical despechado, sino del propio palo libertario. Fuego amigo, que suele ser el más informado.
Una carrera sin ancla, y nadie que pregunte
Sería cómodo cargarle toda la cuenta a Nacho Moroni. Pero su trayectoria también dice mucho de quienes lo recibieron. El massismo, la tercera vía, el larretismo y el mileísmo le abrieron la puerta sin hacer demasiadas preguntas, porque un dirigente con territorio vale más que un dirigente con coherencia. En eso, la grieta muestra una unanimidad conmovedora.
El patrón se repite en cada etapa: entrar a un espacio cuando ofrece posibilidades, irse cuando aparece algo mejor y conservar, en cada paso, cargos y estructura. La Libertad Avanza no rompió esa lógica. Le dio a Moroni un escenario nuevo para continuarla, ahora bajo un discurso que condena exactamente lo que su carrera encarna.




