La interna del gabinete que Milei no para: la plata de los jubilados y el aviso a Caputo

Hay guerras que se pelean en las trincheras y guerras que se pelean en el cuarto piso del Palacio de Hacienda. La del gabinete de Javier Milei es de las segundas: silenciosa para la tele, ensordecedora para los despachos. Según pudo saber La Política Online, Luis «Toto» Caputo atraviesa un momento de «irascibilidad» por la marcha del plan económico y quiere anunciar un paquete de medidas pese a la resistencia del Presidente. Traducido al castellano: el ministro está cansado de esperar, cree que hay que acomodar el modelo ya, y Milei no lo deja. El rompecabezas económico del libertario, que en campaña prometió «ajustar el sector público para que el sector privado tire de la economía», empieza a mostrar sus costuras.

El dato picante del día fue la operatoria que Caputo presentó con bombo y platillo: hasta 2 billones de pesos provenientes de fondos de la ANSES, colocados en entidades bancarias para que estas financien créditos hipotecarios. Dicho rápido suena a política de Estado pro vivienda. Dicho despacio, suena a otra cosa: el Gobierno va a usar la plata de los jubilados —ese colectivo al que el propio Milei le dijo «porquétehasdenegado los ahorros»— para inyectar liquidez en un sistema bancario que, según advierten desde el propio oficialismo, no está convencido de jugar. Porque el plan tiene letra chica: los bancos tendrán 90 días para transformar esos recursos en créditos, los préstamos deberán tener plazo mínimo de 15 años, y las entidades ya le vienen diciendo al equipo económico que la ecuación no cierra con estas tasas. En LPO lo resumieron sin anestesia: «Dudas en los bancos sobre el plan de Caputo para reactivar el crédito hipotecario con fondos de la ANSES».

Un gabinete enfrentado

El choque conceptual quedó a la vista de todos. Mientras el Presidente construyó su identidad política sobre la idea de que la «justicia social» es «robo», su ministro de Economía salió esta semana a hablar —textualmente— de justicia social al anunciar el uso de recursos previsionales para crédito hipotecario. Nadie en la Rosada polemizó en voz alta. Pero en la política argentina, cuando el ministro usa el vocabulario que el presidente dice odiar, la contradicción ya no es filosófica: es de manual.

En el medio de esa disputa semántica está el problema real: el endeudamiento de los hogares argentinos alcanza a nueve de cada diez casas, según los relevamientos que circularon esta semana, y el gobierno dejó shelved la reforma impositiva que podía aliviar la situación. La morosidad del sistema financiero se convirtió en el tema económico más caliente del semestre, tanto que desde el gobierno salieron a «contraatacar» difundiendo informes que describen la situación de cada banco y los montos promedio de deuda en mora. Traducción: antes que discutir el problema, a quieren discutir quién lo mide.

El anecdotario de la semana completa el cuadro de una gestión que empieza a mostrar nerviosismo en todos los frentes, incluso fuera del gabinete. Benegas Lynch, presidente de la Comisión de Presupuesto, dijo que «los endeudados no pagan porque Argentina no salió campeón». La frase, dicha por un diputado libertario con cargo institucional, tiene el mérito involuntario de resumir la política económica oficial en una sola oración: si la economía no funciona, la culpa es del fetiche o del fútbol. Por su parte, el Presidente retó públicamente a la diputada Lemoine por decir que «nadie va preso ni le rompen las piernas por no pagar la tarjeta» —un guiño al estilo Milei de gestionar el malestar social: con tuits en lugar de respuestas.

El desenlace de esta historia tiene tres finales posibles para el gabinete. Uno: Caputo gana la pulseada y anuncia su paquete, en cuyo caso el Presidente podrá decir que las medidas son «del equipo» si funcionan y «del ministro» si fracasan. Dos: Milei logra frenar al ministro, y la economía sigue derivando mientras la mora crece y las provincias (esto lo veremos mañana) van lanzando sus propios salvatajes. Tres: la guerra sigue su curso interno y el país se entera de las disputas por filtraciones, como ya viene pasando desde hace semanas.

Lo que ya no admite discusión es el diagnóstico de fondo. Cuando el gabinete pelea por quién anuncia medidas mientras los jubilados discuten su pico de platea en el sistema de créditos hipotecarios, la pregunta deja de ser técnica y pasa a ser política: ¿quién gobierna el plan económico de Argentina? Porque, por el momento, pareciera que no es ninguna persona. Es un empate.