Avanza la obra del puente del Pantanillo: mucho pilote, poca precisión

En Catamarca hay un deporte que se practica todos los meses del año y no requiere entrenamiento previo: la recorrida de obra. El gobernador Raúl Jalil, flanqueado por el ministro de Gobierno, Seguridad y Justicia, Alberto Natella, el ministro de Hacienda y Obras Públicas, Juan Marchetti, y la presidenta de la Cámara de Diputados, Paola Fedeli, se calzó el casco y fue a inspeccionar el puente del Pantanillo, esa obra sobre el río del Valle que promete resolver de una vez por todas la conectividad del Valle Central catamarqueño.

El ritual es conocido y transversal a cualquier signo político: no importa si el funcionario de turno viene del peronismo, del PRO o de La Libertad Avanza, la foto con casco, chaleco reflectante y cara de satisfacción ante un pozo es un clásico nacional. Jalil no inventó el género, simplemente lo actualizó con estribos de hormigón.

Los pilotes, esos protagonistas silenciosos del Pantanillo

Vamos a los datos duros, que en este caso sí existen y conviene reconocerlo: según informó El Ancasti, actualmente se están ejecutando 13 pilotes destinados a los estribos, cada uno de 1,20 metros de diámetro y 25 metros de profundidad. El proyecto total contempla 44 pilotes sobre los que se asentará toda la estructura del puente.

Para quien no maneje el diccionario de ingeniería vial —que somos casi todos—, un pilote de 25 metros de profundidad es, básicamente, meter medio edificio bajo tierra antes de construir nada arriba. Es la parte menos fotogénica de cualquier obra pública, la que no sale en el video institucional pero sin la cual el puente se hunde apenas pasa el primer camión.

La ficha técnica del Pantanillo que circuló es, hay que decirlo, bastante más completa que el promedio de estos anuncios: 240 metros de longitud distribuidos en ocho tramos de 30 metros, un tablero de 13,90 metros de ancho con dos calzadas de 3,75 metros, banquinas de 1,50 metros y veredas de 1,10 metros a cada lado. Sumale 1.360 metros de accesos con carpeta asfáltica de 5 centímetros sobre base granular de 25, más 1.955 metros de defensas hidráulicas, tres alcantarillas y señalización.

Es, en el papel, un proyecto serio y bien especificado. Lo que no aparece en ningún lado del comunicado oficial —y acá sí entramos en el terreno de lo que no se dice— es cuándo se termina, cuánto cuesta y quién la está construyendo. Tres preguntas que cualquier vecino de Valle Viejo haría antes de aplaudir, y que las fuentes oficiales citadas prefirieron dejar en el tintero.

La épica de la conectividad, versión catamarqueña

El anuncio promete que el puente va a «mejorar la circulación vehicular» y ofrecer una «conexión más segura» entre San Fernando del Valle de Catamarca y Valle Viejo, además de facilitar el acceso al área industrial y al corredor hacia el Aeropuerto Felipe Varela. Todo esto suena razonable y, honestamente, necesario para cualquier ciudad que quiera crecer sin que cada lluvia corte el tránsito.

El problema no es la obra en sí —los puentes, en general, son una buena idea— sino el envoltorio discursivo con el que se la presenta. «Intervención estratégica», «conectividad del Valle Central», «corredor productivo»: el vocabulario de gacetilla que cualquier gobierno provincial, sea del color que sea, usa para transformar una obra de ingeniería vial en un relato de gestión trascendental.

Lo llamativo de la cobertura no es lo que cuenta, sino cómo lo cuenta. Se detalla el diámetro exacto de cada pilote pero no el presupuesto asignado. Se especifica el espesor de la carpeta asfáltica pero no la empresa contratista. Se menciona quién recorrió la obra —tres funcionarios y una legisladora, todos con nombre y apellido— pero no quién decidió los plazos ni si se están cumpliendo.

Esta asimetría informativa no es exclusiva de Catamarca ni de Jalil: es el manual no escrito de cualquier gestión provincial argentina cuando quiere mostrar obra pública sin comprometerse con una fecha de entrega. Cuanto más precisos son los metros y los centímetros, más vago suele ser el cronograma. Es una regla casi física.

¿Y la Legislatura para qué está?

La presencia de Paola Fedeli, presidenta de la Cámara de Diputados, en una recorrida de obra ejecutiva merece una nota al margen. No es su función fiscalizar el avance de la obra del Pantanillo desde el Poder Legislativo, ese organismo que en teoría debería preguntar por el costo total y el estado de los contratos, en lugar de sumarse a la foto grupal.

Pero bueno, en el interior profundo la división de poderes a veces se resuelve con un apretón de manos frente a un pilote de hormigón, y todos tan amigos. Como para no quedarse con las ganas.

El puente del Pantanillo probablemente se termine construyendo, porque los pilotes ya están y en algún momento hay que ponerles algo arriba. La pregunta que Catamarca —y el periodismo local— debería seguir haciendo no es si el gobierno recorre obras, que evidentemente sí, sino cuándo, a qué costo y bajo qué contrato se van a colocar los 31 pilotes que todavía faltan.

Mientras tanto, la próxima recorrida de obra ya tiene fecha asegurada: apenas termine el segundo estribo, alguien va a volver a calzarse el casco.