Brasil nos compra más, pero seguimos debiendo: el balance real de agosto

Todos los meses hay un informe de comercio bilateral y todos los meses alguien lo va a usar para demostrar que el modelo funciona. Esta vez el protagonista es Brasil, ese socio incómodo al que le vendemos poco y le compramos bastante, y la Cámara Argentina de Comercio y Servicios (CAC) acaba de publicar los números de agosto con una lectura que, dicha así nomás, suena optimista: las exportaciones argentinas crecieron 6,9% interanual y llegaron a los US$ 1.099 millones, sexto mes consecutivo de suba. Que quede claro: el dato es real y es bueno. El problema, como casi siempre en esta economía, está en lo que se dice después del punto y aparte.

Porque el comercio bilateral total cayó 3,2% respecto de agosto de 2025, y el motivo no es ningún misterio: importamos menos. Bastante menos. Las compras a Brasil bajaron 9,6% interanual, hasta los US$ 1.479 millones, y ahí aparece el verdadero condimento de la nota: lo que más se redujo fueron las importaciones de vehículos de carretera y de partes y accesorios automotores. Traducido del gacetillés: se venden menos autos en Argentina, así que se importan menos autos y menos autopartes desde Brasil. Eso no es una mejora estructural del comercio exterior, es un termómetro de consumo interno con fiebre baja.

El déficit que «mejora» achicándose

El saldo comercial con Brasil sigue siendo negativo para Argentina: US$ 380 millones en agosto y US$ 1.635 millones en lo que va del año. Comparado con los US$ 4.103 millones de rojo acumulado en los primeros ocho meses de 2025, la mejora es innegable y hay que decirlo sin chicanas: es una reducción enorme. La CAC lo resume con una frase prolija sobre «un escenario de crecimiento sostenido de las exportaciones argentinas y una disminución de las importaciones», que es exactamente lo que dice el informe, ni más ni menos.

Ahora bien, esa misma frase se puede leer de dos maneras muy distintas según el humor con el que uno se levante. Una: la economía argentina está exportando más porque es más competitiva. Dos: la economía argentina importa menos porque hay menos plata circulando para comprar cosas, y esa segunda lectura no es precisamente un logro de política comercial, es una consecuencia de que el poder adquisitivo interno viene golpeado. Ninguna de las dos versiones aparece completa en ningún comunicado oficial, obviamente, porque el relato necesita elegir un solo párrafo y quedarse con ese.

Lo que sí vendimos (y no fue magia)

Del lado de las exportaciones, lo que empujó el número fueron los polímeros de etileno, los vehículos de transporte de mercancías y usos especiales, los lácteos y el óleo combustible de petróleo. Nada de eso es sorpresa: son rubros donde la industria y el agro argentino vienen sosteniendo volumen hace rato, con o sin gobierno de turno aplaudiendo. Vaca Muerta y el complejo petroquímico tienen bastante más que ver con este 6,9% que cualquier discurso en Casa Rosada, y conviene decirlo antes de que alguien se cuelgue una medalla que no le corresponde del todo.

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Para dimensionar el lugar real que ocupa Argentina en el tablero brasileño, agosto la ubicó cuarta entre los proveedores de Brasil, bastante lejos de China, Hong Kong y Macao (US$ 6.609 millones), de Estados Unidos (US$ 4.014 millones) y de Alemania (US$ 1.411 millones). Como compradora de productos brasileños, Argentina quedó tercera, detrás del bloque asiático y de Estados Unidos. No es poca cosa ser el tercer o cuarto socio de la principal economía de la región, pero tampoco es el podio que a veces se sugiere cuando se habla de «recuperación de las relaciones bilaterales».

Brasil, mientras tanto, no tiene ninguno de estos dilemas

Del otro lado del Río de la Plata (bueno, del Paraná, pero la licencia poética vale), Brasil no tiene que explicar nada raro: sus exportaciones al mundo crecieron 12,2% interanual en agosto, pasando de US$ 29.559 millones a US$ 33.158 millones, y aun con importaciones subiendo 9,3% hasta los US$ 25.763 millones, terminó el mes con un superávit comercial de US$ 7.395 millones. Mientras nosotros discutimos si el vaso está medio lleno o si en realidad se evaporó la mitad, Brasil simplemente exporta más de lo que importa y sigue de largo.

Esa asimetría es la que debería preocupar más que cualquier titular optimista sobre el comercio bilateral. Argentina mejora su posición relativa frente a Brasil, sí, pero lo hace en un momento en que la economía brasileña crece con fuerza en el comercio global y la argentina todavía necesita que bajen las importaciones de autos para que el número del déficit se vea mejor. No es lo mismo crecer porque se vende más afuera que «mejorar» porque se compra menos adentro, y esa diferencia es la que ningún informe institucional se va a molestar en subrayar.

Al final, el dato de agosto no miente: hay un sexto mes consecutivo de exportaciones en alza y un déficit que se redujo de manera considerable frente al año pasado. Lo que sí conviene mirar con más cuidado es de qué está hecha esa mejora, porque una cosa es un comercio exterior pujante y otra muy distinta es un consumo interno tan flojo que hasta las importaciones de autopartes le hacen bien a la balanza comercial. Ambas cosas conviven en el mismo informe, y ninguna consultora, cámara o funcionario va a tener demasiado interés en poner el foco donde duele.